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Fight club (El club de la lucha)

 


El director de Denver David Fincher presenta una película que algunos consideran una obra maestra y otros una "bazofia posmoderna" (como dijo Carlos Boyero). ¿Es una crítica social de corte anarquista contra la sociedad consumista, una sátira del capitalismo salvaje o un alegato de masculinidad tóxica, el retorno al primitivismo del macho alfa y la manada de violentos?

Es la historia de un triste oficinista (Edward Norton) que arrastra un vacío existencial con su vida insatisfecha de soltero de clase media en EEUU, como retrato de la alienación del trabajador occidental. Los médicos se niegan a recetarle pastillas para dormir y él decide acudir a una terapia de grupo de personas con cárcel testicular (que se puede ver como símbolo de la pérdida de la virilidad perdida). Esa experiencia humana le lleva a otros grupos de terapia, donde se siente escuchado y aliviado en su dolor porque allí escuchan de verdad y lloran sin complejos.

La llegada de una mujer farsante (Helena Bonham), como él, y adicta a los grupos de terapia, trastocará todos sus esquemas. "Todo empezó con Marla", reconoce el protagonista. De hecho, el personaje femenino en un mundo de "masculinidad tóxica" es el contrapunto de los complejos viriles, podríamos decir freudianos, del frustrado protagonista. 

Un día, en un viaje de negocios en avión, conoce a un vendedor de jabones llamado Tyler Durden (Brat Pitt), y juntos inician un nuevo grupo de terapia para hombres, que consiste en organizar peleas en los sótanos de los bares. Es el Club de la Lucha, que luego mutará en el Club del Caos para descargar la violencia contra el sistema, pues hay que volarlo todo por los aires.

En una escena que refleja las teorías de Freud, Tyler Durden (Brat Pitt) dice al protagonista: "Tengo el aspecto que deseas tener. Follo como deseas follar. Soy listo, competente, y lo más importante, soy libre en todo lo que tú querrías hacer". El tipo de persona que adoramos e idealizamos y queremos llegar a ser (a través del consumismo) nos puede hacer mucho daño. Por eso es tan importante saber cuál es nuestro ideal de ser humano.

Pronto se da cuenta de que el caos que ha sembrado es tan terrible como el orden social que buscaba derrocar. Atrapado en una espiral de violencia que puede recordar a La naranja mecánica de Kubrick, el protagonista necesita matar a su alter ego, Tyler Durden, y reconocer por fin a la persona que le puede salvar, Marla, la figura femenina contra el mundo sórdido del macho alfa y el ejército de hombres agresivos y sin cerebro.


David Fincher, 1999

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